Creencias

En mi anterior post hablaba de pasada de dos colaboradores inseparables: El Deseo y el Dolor.

Pensando en ellos me puse a reflexionar. El dolor nace de los deseos insatisfechos, de la frustración de no obtener aquello que deseamos.

¿Pero de donde nace el Deseo?

Siempre con el mayor respeto a otras opiniones creo que el deseo nace, al menos en una gran parte, de nuestras creencias. Al hablar de creencias no me refiero solo a las religiosas, que también, me refiero a todo aquello que según nuestra particular forma de ver el mundo aceptamos como verdadero. En otras palabras, son las premisas que definen nuestra realidad. Una realidad igual y a la vez diferente para cada uno de nosotros. Diferente, porque cada uno de nosotros la pasa por el filtro de sus propias creencias y la moldea para si.

Llegado a este punto me tienta seguir tirando del hilo, de dolor a deseo, de deseo a creencia… pero “creo” que será mejor dejarlo para otro día.

Como acabo de mostrar,  mis decisiones se basan en mis creencias y esas decisiones definirán las experiencias que me tocará vivir.

El creer una cosa hace que cierres unas puertas y abras otras.

Las creencias son unas cosas un tanto curiosas, no solo sirven para decidir, sino también para justificar. Puedo asumir una creencia porque creo en ella o, puedo creérmela para justificar algunos de mis actos. En todo caso es un engaño que oculta a otra creencia más profunda y a la que posiblemente por múltiples razones no nos atrevemos a verle la cara. Creamos así una máscara que nos permite llevar a cabo aquello que en el fondo nos parece abominable o deshonesto con nosotros mismos, con el absoluto convencimiento de su licitud.

Esto, como ves, es comenzar a tirar de un largo hilo, pero deshagamos el ovillo poco a poco.

Creencias, admitamos que en realidad vienen de algo más profundo en nuestro interior. Admitámoslo, pero para no perdernos, centrémonos de nuevo en ellas.

De una u otra forma actuamos en base a nuestras creencias, ellas son las que suelen desenvainar las espadas de nuestras emociones, ellas definen el bien y el mal en nuestro universo interior.

Diría que vienen principalmente de tres lugares (al menos en mi caso):

  • De nuestra educación y nuestro ambiente. Muchas son aprendidas directamente en nuestra familia.
  • De experiencias vividas y normalmente mal interpretadas.
  • De generalizaciones.

Generalizaciones

Las generalizaciones he de admitir que fueron por mucho tiempo mis favoritas. Con una conclusión te sirve para todo. Algo así como que un día maté un gato y desde entonces me llaman matagatos. U otra que solemos usar con argumentos más o menos parecidos a esta:

Estuve enamorado y sufrí. Si te vuelves a enamorar sufrirás sin remedio.

Como puedes ver nuestras creencias son bastante irracionales. Diría que son botellas repletas de concentrado de emociones y las usamos como un gran cartel que siempre llevamos encima. Al llegar a cada encrucijada lo tomamos, lo clavamos en el suelo, lo miramos y nos decimos que esa es la dirección correcta. Lo volvemos a levantar, lo colocamos de nuevo en el hombro y continuamos andando por donde nos indicó el cartel.

¿Cuanto hace que revisarte por ultima tus creencias?

 Esas ideas, conclusiones o determinaciones que decidiste que decidieran por ti.

Quizá te rias de mi diciendo este tío esta zumbado, la verdad no me extrañaría. ¿Pero sabes porque? porque las creencias son transparentes y parece que te hablo de fantasmas. Pero no, no te equivoques, no estoy loco, están tan dentro de nosotros que las confundimos y pensamos que ellas somos nosotros. Parece tan tonto como que te cuestiones que tienes una nariz en la cara. Sin embargo las creencias no vienen de serie como la nariz. Las adquirimos y las adoptamos. Algunas nos ayudan a vivir, otras a sobrevivir y otras son postizos que nos fuerzan a tropezar una y otra vez en las mismas cosas que suelen dañarnos en nuestras vidas.

Te propongo que lo veas de este modo

Tus creencias definen la verdad de tu vida. Aquello que das por bueno y válido. Aquello sobre lo que te apoyas para andar.

Las Creencias pueden ser una poderosa herramienta o un virus letal.

Y sabes lo que me parece más triste, que deciden por nosotros si no ponemos remedio. Seguro que si miras tu vida hay algunos acontecimientos, situaciones o tipos de personas que se repiten una y otra vez, y no comprendes como siempre te pasa lo mismo. ¡¡Enhorabuena!! Acabas de descubrir que la actividad volcánica subyacente tiene la culpa, ósea tus creencias.

Estamos tan ligados a ellas que el solo echo de cuestionárnoslas es como si nos traicionáramos a nosotros mismos. ¿Son listas verdad?…

¡Pues no! ellas son lo que nosotros permitimos que sean y si permanecen es porque para nosotros cumplen una misión. En muchos casos, y como idea ilustrativa, cumplen la misión de darle la razón a nuestros padres y/o mentores.

Las creencias se heredan.

¿No tienes dinero? Revisa como tus padres te enseñaron a creer en las ideas que ahora marcan tus decisiones. Veamos unas típicas frases “Es que crees que el dinero crece el los árboles.” o “Solo disfrutarás aquello que consigas con el sudor de tu frente.”

Como decía en mi anterior post, decidimos heredar de nuestros padres por el amor que les profesamos, y también en muchos casos por el amor que esperábamos obtener al aceptar sus condiciones. Crecimos y bebimos de las creencias de nuestros padres por amor. Asumimos sus creencias para sentirnos amados y aceptados. Que conste que ellos, al igual que nosotros, son bellas personas con una herencia no cuestionada por compartir. ¿Te has preguntado si tu herencia, la que legarás a tus hijos, es la más apropiada? ¿En que creencias vives? ¿Qué verdades rigen tu universo personal? ¿Qué frases de tus padres son tuyas ahora?

Tu defines que crees y lo que crees te define.

Es un camino sin remedio de dos direcciones, así que si no te gusta lo que ves de ti mismo/a, ahora tienes en tus manos una potente herramienta para cambiar las cosas. Estoy absolutamente convencido de que cambiando nuestras creencias cambiamos nuestra vida. Sin embargo te advierto que las creencias nunca lo ponen fácil. Bueno en realidad los que lo ponemos difícil siempre somos nosotros. Las creencias nos dan estabilidad y seguridad. Por más espejismo que sean, nos tranquilizan, nos dan cierta paz. Cumplen fielmente su misión de hacernos creer que sabemos donde estamos, justificando de esta forma nuestra personal existencia. Así debes saber que cambiar una creencia  supondrá por algún tiempo un periodo de incomodidad. Es lo que en coaching llaman salir de la zona de confort.

Cambiar una creencia implica tener que dar validez a otra nueva. Por desgracia aunque lo ideal sería no tener creencias y ser libres para tomar nuestras decisiones siempre desde el lienzo en blanco del presente, “creo” que por ahora esa maravillosa forma de vivir se la tendremos que dejar a algunas personas iluminadas.

Resumiendo:

  • Si tu vida no te gusta, busca que creencias has asumido que la hacen ser como eres.
  • Redefine tus creencias con tu verdad del momento presente y decide cuales te empujarían a la vida que deseas y cuales son un lastre.
  • Ten en cuenta que no es una cuestión de fuerza, sino de perseverancia y constancia. Las creencias tienen mucho de subconsciente así que cree y actúa como si… el subconsciente no te lo discutirá. Pero ojo, no te engañes, el único/a perjudicado/a serás tú.

Unas últimas recomendaciones:

  • El subconsciente no conoce el significado de la palabra NO, así que siempre formula en positivo.
  • Piensa bien en que crees y a que temes, pues es muy probable que se cumpla.
  • Estate atento/a a tus miedos ya que te muestran tus creencias más potentes y profundas.

Todo lo que te he comentado es solo mi opinión basada en mis propias reflexiones y experiencias, ahora es el momento de que si lo deseas llegues a las tuyas propias.

Creer es crear.

Gracias por escuchar.