Carta a un Maestro II

Cuando se habla de amor pensamos inmediatamente en el de pareja o el de familia, sin embargo con los años he ido descubriendo que el amor es mucho más amplio que todo eso.

El amor de pareja o el de la familia entre otros, son solo un estadio, una estación, una parada donde vamos aprendiendo lo que es realmente el amor. Experimentamos, probamos posibilidades. Descubrimos mejoras y fracasos en busca de algo siempre más grande, algo mucho más elevado. Esos amores son los que nos entrenan para comprender que es realmente el AMOR.

En el post “Carta a un Maestro” se da a entender algo de este amor. Sin embargo he de confesarte algo. Lo que motivó inicialmente el escribirlo fue el amor de pareja. Cuando lo escribí no fui consciente, lo dirigía a una determinada persona. Sin embargo me he dado cuenta que todo lo que allí expresaba transcendía la persona a la que iba dirigido.

Una vez me dijeron que estaba enamorado del amor. Creo que llevaban toda la razón. En mi corazón siempre he sabido que el amor que era capaz de sentir, era demasiado pequeño. Luchaba por encontrar ese amor grande, inmenso, que intuía que existía. Sin embargo a lo largo de mi vida me he hecho consciente de que ese AMOR es imposible contenerlo en una persona, en una relación o en una familia.

Lo confieso, mi amor, el que he sentido toda mi vida por otros, me ha parecido siempre muy pequeño y egoísta. Y justo en esa medida, JUZGABA el amor que recibía. No podía sentir de otros nunca, más amor del que era capaz de dar. Jamás podemos reconocer más amor que el que tenemos dentro.

No comprendí esto hasta que al fin sentí a que se refería cuando me dijo:

El amor no se aprende. Se aprende del amor.

El amor es una frecuencia que nos baña una y otra vez hasta que un día, sin saber como, resonamos en ella.

Cuando escribí esa carta era para alguien en concreto. Ese alguien ya no está, sin embargo algo me hizo conservarla. Ahora me hago consciente del motivo; en esa carta expresaba un amor que trascendía la personalidad, la pareja y lo material. Era en realidad una carta dirigida a otro ser mucho más grande, al que por mi inmadurez, era incapaz de percibir.

Sin embargo estaba allí, estaba en esa carta sin saberlo. Hoy, al releerla después de mucho tiempo, me he dado cuenta de que en realidad esa carta era para él. La carta que has leído es casi la misma. Algunos pronombres cambiados y alguna frase retocada, sin embargo ahora expresa la verdadera esencia de su destinatario.

Muchas veces nuestro corazón clama, pero nuestra mente pequeña lo encierra en el círculo de lo conocido, ese círculo que lo comprime todo hasta despojarlo de su verdadero sentido. Ese círculo que para encerrar las cosas, solo puede tomar una parte tan pequeña de ellas que entonces pierden todo su sentido.

Es como él dice:

¿Como encerrar el Mar en una concha?

Un pedacito de mar está en ella, sin embargo, mirando esa pequeña porción de agua, no podemos ver ni comprender lo que es realmente el mar.

Gracias por escuchar.